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Patricio Javier SAAVEDRA MORALES
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08/02/2012
Esta semana fui invitado a degustar la comida alemana al restaurant Tante Marlene, y sin lugar a dudas fue una experiencia inolvidable. Lo primero que uno se da cuenta al llegar es que no existe el típico problema de estacionamientos del que adolecen la mayor parte de restaurants y locales para compartir, el mismo Tante Marlene tiene sus estacionamientos propios, y si no en la calle de al frente se puede dejar el auto sin problemas. La segunda cosa que me llamo la atención del lugar fue su exquisito diseño, todo parecía estar en su lugar perfectamente ordenado y armonioso mientras de fondo podías escuchar musical tradicional del país germánico, lo que de alguna manera te hacía viajar hacia el lejano país. El lugar se vuelve aún más acogedor si se considera que tenía al menos cuatro opciones para elegir donde sentarse, la terraza,un comedor principal, un segundo piso, y una pérgola al fondo del local. Aquí fue donde decidimos sentarnos y fue muy agradable, era como estar en casa disfrutando de la tarde con una exquisita comida y cerveza a la mano, ya que aparte de estar habilitada con unas mesas muy acogedoras este lugar contaba con arbustos, faroles y detalles de jardinería que amenizaban de forma especial la velada. Una de las mejores cosas fue sin duda el servicio, ya que no solo te ofrecen la carta, sino que quien atiende le explica a los clientes con lujo de detalle de qué está conformado cada uno de los platos que ofrecen, además de que si somos inexpertos en la cocina alemana, te pueden aconsejar que comer y que combinación de ingredientes elegir. Personalmente escogí un lomo sajón con palta, tomate y lechuga más una salsa al curry, sinceramente lo mejor que he probado en mucho tiempo, siendo patente la diferencia de la preparación de la carne y el resto de los ingredientes con los típicos restaurants que venden estos productos. Un detalle importante es que al vernos inexpertos en este tipo de platos la garzona también nos dio una aproximación del tamaño de los mismos, lo que es muy aconsejable si se quiere pedir más de un plato o quieren considerar algún tipo de postre para el final. Luego del lomo zajón tuve la oportunidad de probar el crudo alemán, que sencillamente es exquisito, su sabor y consistencia aumentaban aún más si se combinaban con los panecillos alemanes y pretzels que te ofrecen junto a este plato. En su carta existe una amplia variedad de tragos, así como también interesantes promociones para un almuerzo más que contundente por solo $6.000 o sadwich a $4.000, creo que sin duda en este local la ecuación precio/calidad/cantidad es más que satisfactoria. El agradable ambiente del restaurant provoca que puedas estar en él sin darte cuenta de cuanto tiempo ha pasado desde que llegaste y no te dan muchas ganas de irte aunque hayas quedado más que satisfecho con sus comidas y el servicio otorgado?.Un lugar más que recomendable para ir en familia, con amigos o en pareja, UN LOCAL NOTA 10!
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08/02/2012
Sin saber mucho de la comida alemana, llegué al Tante Marlene. Comí un churrasco con lechuga, palta y porotos verdes y salsa de yogur. Muy grande, con uno ya quedaba satisfecha (los hombres puede que quieran comer algo después? un postre quizás). Como nos explicaba Marlene, la chef, los sándwich no son alemanes, pese a lo que creen algunas personas, sin embargo, ellos decidieron agregarlo a su carta, apostando por la calidad de sus ingredientes (carne de cerdo ahumado para el lomo sajón, novillo para el churrasco, y hay muchas más variedades de ingredientes).Y sin duda que fue una decisión que agradecí, ya que fue terrible el no poder comer todo mi sándwich de lo exquisito que estaba. También probamos el crudo que, como nos indicaron, era uno de los platos más famosos que tienen en el restaurant. Efectivamente es bastante bueno, ideal para compartirlo entre dos. Viene acompañado de una variedad de panes para untarlo. ¡Muy recomendable! Fueron todos muy gentiles con nosotros, nos atendieron muy bien, siempre pendientes de si nos faltaba algo y ayudándonos a escoger entre todas las variedades de platos e ingredientes. Nos explicaban cómo se hacían, en qué consistían, todo. Cada plato demoraba entre 10 a 20 minutos, sin embargo, este tiempo se hacía corto estando en un ambiente tan agradable. Hay varios sectores donde uno puede sentarse en el restaurant: afuera en la terraza que da hacia Vitacura, dentro del restaurant y atrás en la pérgola. Escogimos una mesa en la pérgola y resultó ser muy acogedora, especial para pasar la tarde de manera fresca y sin mucho ruido. La decoración en la pérgola era fantástica, me encantó una repisa que tenía plantitas y tarros con diferentes contenidos y en el centro del patio, un farol precioso. Lo único que podría mejorarse ahí es la iluminación, ya que entrada la noche, se pone un poco oscuro. Así que otro farol estaría de maravillas. Los sándwiches costaban $4.400.- y se podían escoger 3 ingredientes agregados al ingrediente principal, más una salsa. También cuentan con un menú ejecutivo, de casi $7.000.- que consta de medio pisco sour, un plato del día, ensalada, cerveza/vino/bebida, postre, té/agua. Ahora bien, hay más opciones un poco más caros en el caso de que uno no opte por un menú. Estando cerca de la rotonda Pérez Zujovic, es de fácil acceso. Cuenta con estacionamiento si uno va en auto, y de todas maneras en la calle Nueva Costanera (al frente del restaurant) hay más estacionamientos. No queda más que decir que lo recomiendo totalmente, tanto por el servicio que otorgan, la calidez, la comida? ¡todo fantástico!
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05/02/2012
Hasta ahora es el restorán al que le he otorgado la calificación más baja a pesar de cumplir con el requisito fundamental que es la comida. En este punto, este lugar es superior y entrega una mirada distinta de la gastronomía teutona, básicamente por detalles que la convierten en única en Santiago. Su crudo, ciervo, cordero, etc. Lo hacen un fundamental. El problema que constato tiene que ver con su atención, que si bien cordial, es poco efectiva o muy selectiva- A modo de ejemplo mesas a las que se entrega individuales (en una terraza en la que caen hojas por ejemplo) y otras que no. Mesas a las que se entrega jugo de limón para acompañar el crudo y otras que no. Detalles que a la larga hacen sentir más o menos cómodo. En lo personal, añoro el Tante Marlén de Miguel Claro (lo considero uno distinto)
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